¿Cómo hacer ejercicio y no rendirme en el proceso?

Actualizado: 24 mar


Ya ha pasado el primer mes del año y es muy probable que aún no hayas empezado a hacer ejercicio. Si en tu lista de propósitos para el año 2022 apuntaste que este año sí te volverías fitness y con las justas has hecho ejercicio (si es que lo has hecho) una vez en lo que va del año déjame decirte que aún estás a tiempo para empezar. El propósito de esta nota no es recriminarte tu falta de entusiasmo deportivo porque en Felizmente sabemos que es difícil empezar a hacer ejercicio. Pero para solucionar este problema nos hemos decidido a explicarte cómo es que puedes mantener constancia después del primer día y por fin lograr tachar ese objetivo que te viene persiguiendo, posiblemente, ya hace varios años.


Todo es una cuestión de voluntad


Nuestra mente está dividida en un área emocional, caracterizada por la forma en la que percibimos nuestro entorno y los sentimientos que nos genera, un área cognitiva, representada por nuestra capacidad de aprender y gestionar el conocimiento, y el área de la voluntad, la cual domina a las otras dos y es la menos trabajada por las personas.


¿Qué es la voluntad? Nuestra capacidad para decidir con libertad lo que queremos hacer. Para que lo entiendas mejor te pondré un ejemplo de algo que todos hemos vivido. El tener que levantarse temprano para realizar alguna actividad. Sea el colegio, la universidad o incluso el trabajo, todos hemos pasado por eso. El saber que te tienes que levantar para salir y simplemente no querer hacerlo. Tus emociones quieren seguir durmiendo. Tu cerebro no está del todo activado. Es muy probable que te levantes y tu sueño aún sigue revoloteando por tu mente. Pero a pesar de todo esto, te levantas y sales. Porque sabes que tienes que hacerlo. Es entonces que la voluntad toma las riendas de tus emociones y tu cognición y te obliga a levantarte.


Partiendo del ejemplo anterior, al hacer ejercicio, o, mejor dicho, al tomar la decisión de querer empezar a ejercitarte, a quien debes de recurrir es a tu voluntad, no a tus emociones, que quizás te dicen que estas subido de peso y que no te gusta la forma en la que luces, ni a tu cognición, que conceptualiza la necesidad de hacer ejercicio en base a tu estado de salud. Si tomamos la decisión en base a la primera opción, nos rendiremos ni bien el ejercicio se vuelva tedioso o ni bien perdamos la motivación, y si tomamos la decisión en base a la segunda opción, es probable que nunca empecemos a hacer nada. En cambio, si decidimos en base a la voluntad, haremos ejercicio sin importar si entendemos o no el por qué lo estamos haciendo o si nos sentimos motivados o no para hacerlo.


Entrena de manera progresiva


No te compares con otras personas, ni empieces con rutinas súper complicadas. Para hacer ejercicio, se debe empezar de a pocos. Si nos lanzamos con rutinas muy complejas, en primer lugar, nuestro cuerpo no soportará la presión, y, en segundo lugar, se nos hará muy complicado mantener el ritmo y terminaremos abandonando ni bien podamos. Tenemos que ser conscientes del estado en el que se encuentra nuestro cuerpo y cuánto podemos exigirle. Trata de empezar por lo fácil. A todos nos gusta lo fácil y, de hecho, está científicamente comprobado que, los ejercicios fáciles y de corta duración son más efectivos que los complejos. Puede sonar descabellado, pero si te pones a analizarlo, si es fácil, es más probable que lo hagas todos los días ¿O no?


La efectividad entonces surge de la constancia y para ser constantes hay que avanzar de manera progresiva, incrementando de a pocos la carga de ejercicio. Eso no solo ayudará a que tu cuerpo se aclimate, sino que mentalmente, te sentirás incluso más motivado conforme sientas que, poco a poco, puedes lograr más cosas, y además sentirás un creciente placer al ver que sí puedes hacerlo. A la larga los resultados te terminarán sorprendiendo.

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