¡El secreto para ganar todas las discusiones!


Qué complicado es discutir con los demás. Sobre todo cuando sabes que tienes la razón. Resulta frustrante tener que estar en un constante “tira y jala” con argumentos lógicos, bien pensados y planeados para que la otra persona simplemente haga oídos sordos hacia lo que le tienes que contar. Y no hablamos de cualquier tipo de discusión, porque como es evidente, no todo el tiempo estamos en lo correcto. Nos referimos a esas discusiones en las que intentas convencer a la otra persona que uno más uno es dos, porque obviamente uno más uno es dos, pero por algún extraño motivo la otra persona piensa que es cuatro (y está muy convencida de ello)


El secreto para calmar todas nuestras frustraciones no está en rendirse (aunque ganas no falten), sino en fingir que te rindes, o mejor dicho, en ceder un poco en toda la discusión. Un “¡Ok! tienes razón”, puede abrirte puertas. Y no lo decimos nosotros, lo dice la ciencia, o mejor dicho un científico: Blaise Pascal.Es más eficaz persuadir a la gente con las razones que ellos mismos han descubierto que por las que tengan que aceptar de los demás. El arte de persuadir consiste tanto en el de agradar como en el de convencer; ya que los hombres se gobiernan más por el capricho que por la razón.”


Y es que a todos nos duele que nos digan tontos (a pesar de que no nos lo estén diciendo directamente), el hecho de que invaliden nuestra forma de pensar y entender el mundo es como tirarnos una bofetada, y por consiguiente tendemos a encarar a la otra persona con una actitud defensiva. Pero si no nos dejamos llevar, nos daremos cuenta que seremos capaces de manejar la situación con mayor astucia. Date unos segundos, analiza lo que la otra persona te esté diciendo y encuéntrale sentido (por más loco que pueda sonar).


Cuando intentamos entender lo que el otro piensa, o el porqué de lo que piensa, nos estamos adentrando en su cosmovisión. Pídele explicaciones, no lo refutes. Una vez que entiendas todo lo que la otra persona te ha explicado, toma las piezas más importantes y re-estructúralas. Nunca hables desde tu punto de vista. Ponte en su lugar; a todos nos encanta que nos digan que tenemos razón, o que alaben nuestra sabiduría y perspicacia sobre un asunto en concreto sobre el que creemos tener cierto grado de conocimiento. Ese deseo de aprobación del otro puede ser nuestra “perdición” (o salvación si es que crees que uno más uno es cuatro).


Intenta re-conceptualizar lo que la persona ha dicho, con sus propias palabras y ejecuta la función de guía hacia la sabiduría. Sin que la otra persona se de cuenta, claro está. Para ello tendrás que hablar con seguridad. Ya sabes, tienes que parecer listo. Habla rápido y con elocuencia. Esto te hará ver como una persona perspicaz y te ayudará a tomar el ritmo de la discusión, que sin darte cuenta, se convertirá en una cátedra en la que la otra persona irá descubriendo poco a poco, y más importante, por sí misma, las falencias de sus argumentos.


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