Etapas que sufre una persona con Alzheimer



El Alzheimer es el tipo de demencia más común y la cual se trata de una enfermedad evolutiva que, actualmente, no tiene cura.


El deterioro funcional y cognitivo de cada persona depende de muchos factores como, por ejemplo, el tratamiento adoptado y el estilo de vida que siga la persona afectada.


Actualmente, la enfermedad de Alzheimer se considera un continuo desde la aparición de los primeros cambios en el cerebro hasta que se manifiestan los síntomas y se desarrolla la enfermedad. Estos cambios en el cerebro pueden aparecer hasta una o dos décadas antes del inicio de la sintomatología (etapa “preclínica”).


Posteriormente, comienzan los primeros síntomas en forma de, por ejemplo, olvidos de información nueva, nombres o citas, o de leves dificultades para encontrar palabras, pero todo esto inicialmente no interfiere en las actividades del día a día. Es decir, la persona continúa realizando sus actividades, con más esfuerzo, pero satisfactoriamente, y de forma autónoma (etapa llamada “deterioro cognitivo leve”).


En el momento en que los síntomas cognitivos repercuten en las actividades de la vida diaria, necesitará de la ayuda de una tercera persona para realizarlas, el paciente entra en la etapa conocida como demencia. Dentro de ella, podemos diferenciar tres fases.


  • Fase leve

Las cosas que acostumbrábamos a hacer bien comienzan a no salir tan bien.


Durante esta fase nos costará un esfuerzo extraordinario aprender cosas nuevas como el funcionamiento de un móvil nuevo o de un control a distancia de la televisión. También nos costará recordar el nombre de algunos conocidos.

  • Fase moderada

En la fase moderada se empiezan a perder operaciones concretas que se han adquirido desde los 7 a los 12 años.


En esta fase de la enfermedad la persona con Alzheimer pierde competencias para hacer cosas como: comprar, utilizar el dinero o seguir una dieta o una higiene adecuada. Se inicia la pérdida de interacción con el entorno, aparece o empeora el egocentrismo previo y la incapacidad de adaptarse a los cambios de rutina y centrarse en estímulos.

  • Fase grave o terminal

En esta fase se acaba desestructurando la capacidad sensorial y motora, que se originan con el nacimiento y hasta los 2 años.


Esta tercera y última fase del Alzheimer se caracteriza por la pérdida progresiva de las capacidades más básicas de la vida diaria, como la alimentación, la higiene y el control de los esfínteres urinario y fecal.


En este momento, las personas con demencia precisan de ayuda para llevar a cabo su atención básica porque ya no consiguen entender la información que perciben sus sentidos y están incapacitadas para interactuar con el entorno. Además, ya han perdido la capacidad de manipular objetos y, una vez que éstos desaparecen de su vista, no pueden entender que todavía existan.


La pérdida de estas capacidades funcionales sigue el orden inverso a como han sido adquiridas y, en su última etapa, a las personas con Alzheimer sólo conservan la memoria emocional (una sonrisa, un abrazo o un beso), pero sin entender el cuándo, quién y por qué.


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